Translation of Lights
Consultas Astrológicas
Es una señal!
El verbo significar (representar un concepto) viene del latín significare, compuesto con: la palabra signum (insignia, marca, seña, estandarte, aquello que los hombres siguen) de donde obtenemos: signo, insigne, resignar, seña...
La astrología es un lenguaje, un sistema, un código que permite la trasmisión de un mensaje utilizando símbolos y signos. La pregunta y la respuesta son las dos caras de una misma moneda. El mensaje siempre está aquí, disponible, esperando a que alguien lo lea, lo escuche y lo interprete. Este es el papel del astrólogo: consultar con los astros y mostrarse disponible para ponerse al servicio de «Él quién hace signo y quiere decir (algo)».
La astrología es una forma de arte adivinatorio para entrar en contacto con el cosmos, lo Divino, y viceversa. Es un instrumento de reflexión y de introspección, para ayudarnos en nuestra búsqueda de sentido y comprensión de las leyes del universo y de los ciclos de vida. También es una ayuda para navegar y cocrear. Ya sea que deseemos mantener nuestro curso o modificarlo, la astrología nos presenta los eventos bajo una perspectiva diferente, con un «gran angular», y nos invita a recordar nuestro origen. El simple hecho de observar y estar presente, abierto y atento a lo que se está preparando para ser revelado es un elemento esencial de la consulta astrológica.
La astrología es un lenguaje, un sistema, un código que permite la trasmisión de un mensaje utilizando símbolos y signos. La pregunta y la respuesta son las dos caras de una misma moneda. El mensaje siempre está aquí, disponible, esperando a que alguien lo lea, lo escuche y lo interprete. Este es el papel del astrólogo: consultar con los astros y mostrarse disponible para ponerse al servicio de «Él quién hace signo y quiere decir (algo)».
La astrología es una forma de arte adivinatorio para entrar en contacto con el cosmos, lo Divino, y viceversa. Es un instrumento de reflexión y de introspección, para ayudarnos en nuestra búsqueda de sentido y comprensión de las leyes del universo y de los ciclos de vida. También es una ayuda para navegar y cocrear. Ya sea que deseemos mantener nuestro curso o modificarlo, la astrología nos presenta los eventos bajo una perspectiva diferente, con un «gran angular», y nos invita a recordar nuestro origen. El simple hecho de observar y estar presente, abierto y atento a lo que se está preparando para ser revelado es un elemento esencial de la consulta astrológica.
“Recuerda el proverbio: "Una señal es suficiente para el vigilante, pero miles de consejos no son suficientes para el negligente.” - Idries Shah
La astrología helenística
Existen varios tipos de astrología: moderna, medieval, china, védica, etc. La astrología helenística corresponde a la forma de astrología practicada entre -100 y 600 de nuestra era en Europa. Está basada sobre textos antiguos y fuentes,
remontándose a más de 2.000 años antes de J.C. La astrología ha existido siempre bajo una forma u otra,
ha cambiado a lo largo de los siglos, desde Mesopotamia y Egipto, hasta el Imperio Romano.
Es con la astrología helenística que vemos aparecer el sistema compuesto de los 7 planetas tradicionales,
los signos, los aspectos y las casas.
La astrología helenística experimenta un nuevo desarrollo desde los años 90 gracias a los esfuerzos del equipo de Project Hindsight (Robert Schmidt, Ellen Black, Robert Hand, Robert Zoller) que ha traducido los textos del griego antiguo al inglés, y han descubierto los principios fundadores de la interpretación así como nuevas técnicas de predicción.
La astrología helenística experimenta un nuevo desarrollo desde los años 90 gracias a los esfuerzos del equipo de Project Hindsight (Robert Schmidt, Ellen Black, Robert Hand, Robert Zoller) que ha traducido los textos del griego antiguo al inglés, y han descubierto los principios fundadores de la interpretación así como nuevas técnicas de predicción.
Destino y libre albedrío
Podemos utilizar la astrología como un espejo para ver más claramente lo que se está jugando en una situación particular, tanto dentro de uno como afuera. Los planetas hablan con una increíble diversidad y poesía;
son el reflejo de nuestra unicidad.
Aunque intentemos evitarlas, algunas experiencias no son negociables. Escapan a nuestro control porque debemos de atravesarlas. Son momentos claves que nos anclan en lo material y dan forma al motivo específico de nuestra vida.
También podemos hacer nuestros propios «nudos», conscientemente o no. Y podemos elegir deshacerlos o ajustarlos posteriormente, modificando nuestro comportamiento, nuestras creencias, nuestras acciones y nuestras intenciones.
Si podemos ver los hilos, seremos más capaces de desenmarañar las situaciones en las que nos encontramos.
La astrología nos brinda la oportunidad de ver el diseño, y de apreciar su belleza para encontrar la paz en los momentos más difíciles, y la alegría de ser parte del gran proceso de creación. Podemos elegir un camino sobre otro,
pero todo será – en esencia – la fiel y verdadera expresión astrológica de nuestra promesa de nacimiento.
Es preciso saber hacia qué queremos tender.
Ser y devenir
Estamos en constante evolución. Obviamente, somos diferentes a los 20, 40... o 60 años. A veces incluso cambiamos mucho de un año para otro.
Tenemos diferentes ritmos de evolución.
Queramos o no, la vida nos moldea con el tiempo.
También nos moldea a través de las experiencias que nos presenta: una relación, un hijo, una separación, un accidente, una enfermedad, un despido o una promoción, etc. Pero sucede que algunas situaciones se repiten, sin parar, quizás incluso con más fuerza. Y tenemos que resistir aún más para permanecer donde estamos, o seguir siendo quien creemos ser. Nos aferramos a nuestra manera de interpretar las cosas, ya que así es como nos definimos a nosotros mismos.
También nos moldea a través de las experiencias que nos presenta: una relación, un hijo, una separación, un accidente, una enfermedad, un despido o una promoción, etc. Pero sucede que algunas situaciones se repiten, sin parar, quizás incluso con más fuerza. Y tenemos que resistir aún más para permanecer donde estamos, o seguir siendo quien creemos ser. Nos aferramos a nuestra manera de interpretar las cosas, ya que así es como nos definimos a nosotros mismos.
Pero, si las situaciones se repiten, ¿quizás sea la señal de que somos nosotros los que debemos cambiar? Y si aprendiéramos a dejarnos llevar por el viento, guiados por el corazón y confiando en nuestra capacidad de revelarnos. Esta es la historia que nos cuenta Idries Shah en El Cuento de las Arenas.
La astrología, como un espejo, es un instrumento de reflexión, tanto para verte mejor como para comprenderte mejor. Es útil consultar a un astrólogo cuando tenemos la impresión de estar estancados o cuando sentimos la necesidad urgente de cambiar y queremos descubrir qué oportunidades nos ofrecerá la vida para permitirnos llegar a ser quienes somos. La relación con el oráculo se hace más profunda con el tiempo, está viva. Evoluciona en función de nosotros.
La astrología, como un espejo, es un instrumento de reflexión, tanto para verte mejor como para comprenderte mejor. Es útil consultar a un astrólogo cuando tenemos la impresión de estar estancados o cuando sentimos la necesidad urgente de cambiar y queremos descubrir qué oportunidades nos ofrecerá la vida para permitirnos llegar a ser quienes somos. La relación con el oráculo se hace más profunda con el tiempo, está viva. Evoluciona en función de nosotros.
El cuento de las arenas
Idries Shah
Un río, desde sus orígenes en lejanas montañas, después de pasar a través de toda clase y trazado de campiñas, al fin alcanzó las arenas del desierto.
Del mismo modo que había sorteado todos los otros obstáculos, el río trató de atravesar este último, pero se dio cuenta de que sus aguas desaparecían en las arenas, tan pronto llegaba a éstas.
Estaba convencido, no obstante, de que su destino era cruzar este desierto y sin embargo, no había manera.
Entonces una recóndita voz, que venía desde el desierto mismo le susurró: «El Viento cruza el desierto y así puede hacerlo el río»
El río objetó que se estaba estrellando contra las arenas y solamente conseguía ser absorbido, que el viento podía volar y ésa era la razón por la cual podía cruzar el desierto. «Arrojándote con violencia como lo vienes haciendo no lograrás cruzarlo.
Desaparecerás o te convertirás en un pantano.
Debes permitir que el viento te lleve hacia tu destino».
Pero, ¿Cómo esto podrá suceder? «Consintiendo en ser absorbido por el viento».
Esta idea no era aceptable para el río. Después de todo él nunca había sido absorbido antes. No quería perder su individualidad.
«¿Y, una vez perdida ésta, cómo puede uno saber si podrá recuperarla alguna vez?»
«El Viento», dijeron las arenas, «cumple esa función. Eleva el agua, la transporta sobre el desierto y luego la deja caer. Cayendo como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río».
¿Cómo puedo saber que esto es verdad? «Así es, y si tú no lo crees, no te volverás más que un pantano y aún eso tomaría muchos, pero muchos años; y un pantano, ciertamente no es la misma cosa que un río».
¿Pero no puedo seguir siendo el mismo río que ahora soy? «Tú no puedes en ningún caso permanecer así», continuó la voz. «Tu parte esencial es transportada y forma un río nuevamente. Eres llamado así, aún hoy, porque no sabes qué parte tuya es la esencial».
Cuando oyó esto, ciertos ecos comenzaron a resonar en los pensamientos del río. Vagamente, recordó un estado en el cual él, o una parte de él – ¿cuál sería? -, había sido transportado en los brazos del viento. También recordó – ¿o le pareció? – que eso era realmente lo que debía hacer, aún cuando no fuera lo más obvio.
Y el río elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento, que gentil y fácilmente lo llevó hacia arriba y a lo lejos, dejándolo caer suavemente tan pronto hubieron alcanzado la cima de una montaña, muchas pero muchas millas más lejos.
Y porque había tenido sus dudas, el río pudo recordar y registrar más firmemente en su mente, los detalles de la experiencia. Reflexionó: «Sí, ahora conozco mi verdadera identidad».
El río estaba aprendiendo pero las arenas susurraron: «Nosotras conocemos, porque vemos suceder esto día tras día, y porque nosotras las arenas, nos extendemos por todo el camino que va desde las orillas del río hasta la montaña».
Y es por eso que se dice que el camino en el cual el Río de la Vida ha de continuar su travesía está escrito en las Arenas.
Esta hermosa historia es corriente en la tradición verbal de muchas lenguas, circulando siempre entre los derviches y sus discípulos. Fue transcripta en la obra «La Rosa Mística del Jardín del Rey» de Sir Fairfax Cartwright, publicada en Gran Bretaña en 1899. La presente versión es de Awad Afifi el Tunecino, que murió en 1870.
.png)